Marzo: el mes en el que nacieron todas las flores ¡felicidades má!

jueves, 18 de octubre de 2012

Cinco vivencias para un cumpleaños


Hoy 18 de octubre es mi cumpleaños. Es un día que genera confusión en mi. Normalmente vivo una mezcla de gozo y depresión.

Me gusta celebrar atípicamente; tal vez la palabra celebración no sea la correcta. Muchas veces salgo a caminar solo, sin rumbo fijo, me compro un par de alcoholes y reflexiono en el parque o en una plaza pública o en una banca solitaria. Contemplo los árboles, los pájaros, los ocasionales transeúntes. Puedo ponerme borracho ahí mismo, o no. Luego me levanto y entro a un lugar cualquiera, donde no conozco a nadie, me mezclo entre las personas, procuro conocer gente, escuchar lo que tienen que decir.

He de decir que a la mayoría de personas esto les resulta raro, muchos me consideran un individuo extremadamente sociable, y lo soy, sin embargo me gusta la soledad, he aprendido a vivir con ella, me siento fuerte a su lado, pienso que a este mundo se viene solo y hay que aprender a lidiar con eso.

Quiero compartirles cinco eventos que me han hecho crecer, que noto como pasos importantes en esta carrera que llamamos vida. No son precisamente los típicos como haber obtenido un título o comprometerse en matrimonio, tienen que ver con íntimas vivencias.

1.     De jovencito tuve problemas para lidiar con la demás gente, puede ser porque era extraño, ajeno, serio, distraído, ¿extraviado?, taciturno. Durante la primaria y la secundaria fui víctima de bullying, claro que en ese entonces no se le llamaba por ese término; a los chavos más grandes y fuertes no les gustan los niños así, mucho menos los que hacen tarea extra y levantan la mano, así era yo. Al entrar a la prepa quise cambiar eso, no necesariamente porque me sintiera mal, sino por intentar ser más cercano a los demás, para no sentir esa agresión constante en mi vida, para saber qué era el sentirse aceptado por los demás. Funcionó. Esa fue la génesis del individuo sociable que soy ahora. Si estuvo bien o mal no lo sé, pero cambié, aunque sé que intrínsecamente sigo siendo el niño callado de aquellos años. Pues bien, la primera vivencia tiene que ver con ello, digamos que fue una terapia: El cantar en los camiones y en el metro. Estoy seguro que esto sería muy difícil de realizar para la mayoría de las personas, supone no sólo ser aventado, sino saber lidiar con todos los problemas que ello presenta, los arredros por parte de otros vendedores o la represión policiaca, es más, el mismo hecho de pedir dinero es un reto en sí mismo. Lo hice, y no sólo eso, fui bastante exitoso en el transcurso de unos meses. Ahora sé que si en algún momento de la vida lo laboral-capitalista llega a fallar, el hecho de acompañarme con una guitarra puede salvarme de no comer.

2.     Hay momentos de la vida que nos marcan para siempre. Esto no necesariamente es un hecho significativo para los demás; podemos estar hablando de observar un choque, asistir a un funeral o saber del divorcio de un pariente cercano. En mi caso fue mucho más simple, el que mis primos mayores me invitaran a ver la película “Tiburón” mientras mis padres cenaban con los suyos. Debo decir que a mi corta edad, y aún ahora, la he experimentado como la película más escalofriante de todos los tiempos. No sólo me conmocionó, sino originó en mi una serie de sueños terroríficos en los que tenía que lidiar con escualos todo el tiempo. Aún me soñé devorado. La segunda vivencia tiene que ver con eso. En una visita que hice con mis padres a Cancún mi hermana y yo fuimos a una experiencia de buceo, por aquellos días podía hacerlo bien porque entrenaba con un acapulqueño todos los fines de semana (claro que en una alberca). Pues bien, mientras estábamos viendo pececillos y esponjas de colores llegó otro instructor para decirnos que a un kilómetro de distancia había un tiburón dormido, a lo que nuestro facilitador nos preguntó si queríamos irlo a ver. Les juro que no recordé mi pavor por tales animales, fue una catarsis, una emoción instantánea. Contesté que sí. Mi hermana se quedó en el bote y yo me encaminé con el cancunense y otra persona hacia aquella caverna donde descansaba el pez de mis pesadillas. Al fin llegamos después de escupir los pulmones. Y qué les digo. Tuve la oportunidad de ver a un tiburón de aproximadamente 4 metros de longitud en mar abierto, a 4 metros de distancia, sin control, sin que le hayan sacado sus dientecitos, sin protección alguna, en fin, lo más impresionante del caso es que no sentí temor alguno.  Así, sin que me diera cuenta, ese día me curé del pánico a los selacios.

3.     Los que me conocen saben que una de las cosas que más disfruto es viajar. Desde que tuve la primera oportunidad de hacerlo ya hace algunos años, no he parado de intentar escaparme de la gran ciudad de México con rumbo desconocido. Gracias a ello he podido conocer increíbles personas, deliciosas comidas y magníficos lugares. Son experiencias que nos recuerdan que estamos vivos, que no somos zombies, que un pinchazo de aguja no lo es si no se sangra. La tercera vivencia la extraigo del libro de Brasil, fantástico sitio. Esto tiene que ver con el hecho de cantar, pero también con la costumbre que tengo de no dejarme intimidar por aventuras que parecen peligrosas. Uno de los días de mi estancia terminé en un seminario por azares del destino, tal vez aquí convenga hacer un paréntesis, y es que la mayoría de las personas ubica a los padres como personas rectas y ordenadas, pero también estáticas e inflexibles, rigurosos y puritanos dirían algunos. Bueno, pues permítanme decirles que se equivocan, por experiencia propia (y hablo con conocimiento de causa porque muchos años toqué en estudiantinas eclesiásticas), los padres son de las personas más afables con las que uno puede toparse en la vida, no sólo son inteligentes, algunos también son sabios, son amigos, guías espirituales, que no reprimen sino aconsejan. Imagínense entonces qué fiesta significa compartir la mesa en un seminario. Uno de los seminaristas me invitó cordialmente a que lo acompañara a una misa que tenía que oficiar. Yo no sabía dónde sería ni de qué se trataba pero fiel a mis máximas de vida seguro fui con él. Resultó una experiencia fabulosa porque pude entrar a lo que sólo se ve en películas. La ciudad de Dios si es que alguno sabe de lo que hablo, es una cinta que recoge una pequeña parte de lo que es vivir en una favela. Y ahí andaba su servidor, caminando entre laberintos insondables que llevan a ningún y a todos lados mientras ojos contenidos en cuerpos morenos observan; sendas de olores y suciedades, de pobreza y de vida, porque ésta sólo se respira cuando abres tus orificios nasales a todo, absolutamente a todo. Al llegar a la capilla asistí a una de las celebraciones más bellas de toda mi vida que fue coronada cuando Ernani, que así se llamaba el seminarista originario de África, me invitó a pasar para contar mi experiencia mexicana en tierra brasileña frente a todos los feligreses. Ellos me regalaron una gran sonrisa cuando hablé de su magnífico y tremendo país, de su magnética gente, de su camaradería y hospitalidad latinoafricana. La cosa no acabó ahí, para mi sorpresa él me invitó a que compartiera una canción con el grupo de la parroquia. Así que toqué la guitarra y canté como nunca, una pequeña voz mexicana en medio de la ciudad de Dios.

4.     Desde aquel día que decidí dejar de ser humanito en mundo de humanotes mi vida ha sido una fiesta. El sortilegio se rompió dejando al descubierto una cascada de voces, abrazos, besos y canciones, bailes y roces. De entre todas estas experiencias recuerdo una especialmente, que tuvo que ver con mi pasión de viajar pues fue en Alemania, y mi manera de hacerme notar, que como se habrán dado cuenta siempre ha sido cantar. En esa ocasión me encontraba en una fiesta como tantas, entre una multitud de gente que hablan diversos idiomas y tienen diferentes intereses. Recuerdo que me encontraba con uno de los dueños del departamento, alemán por cierto,  y entre la plática salió que ambos teníamos una afición por cantar y tocar la guitarra. Sentí que no me creyó, después de todo es muy fácil decir que haces tal o cual cosa cuando no tienes el riesgo de ser cachado en la mentira, y tal vez por eso fue que decidió a sacar una preciosa guitarra de su cuarto, el cuate era rico seguramente, porque en su sala de estar había un tigre, de esos que yacen callados con la boca abierta. Pues bien, comencé con lo mío y poco a poco se fue apagando el bullicio para dejarme en el silencio que sólo se logra cuando quieres escuchar algo que estás disfrutando. La fiesta internacional me aplaudió y pidieron otra. Le seguí, claro, al público lo que pida, y estuve así tal vez una media hora, haciendo que cantaran canciones ininteligibles para ellos, digo, para eso existe el “cielito lindo”, “el rey” y “soy puro mexicano”. Estaba en eso cuando uno de los chicos latinoamericanos con los que iba me tocó la espalda y me comentó que ellos ya querían irse, había una fiesta de espuma a la que ningún ojo latinoamericano podría faltar, ya sabemos qué reacción química se logra con agua enjabonada, chicas y alcohol. Asentí y volteé hacia la fiesta para decirles que muchas gracias por sus aplausos y cantares pero tenía que irme. A continuación recibí el mayor halago de toda mi vida, todos al unísono gritaron -nooooo, Darioooo, don’t go, you are the soul of the party- que significa, “Darío, no te vayas, tú eres el alma de la fiesta”. Lo repitieron varias ocasiones de diversas formas. Ojitos cerúleos y cabellos ambarinos. Sentí padrísimo, inolvidable, ¡cuál rockstar ni qué chingados!, ahí estaba ante mi toda la comunidad europea pidiéndome que me quedara, sin conocerme; apenas media hora antes era uno más del montón. Sobra decir que me quedé, aún sin la idea clara de dónde estaba y cómo iba a regresar al lugar donde me estaba hospedando. Todo puede resolverse. En ocasiones nos dejamos llevar por el hálito que significa irse con quien llegamos, jamás salir de nuestros hábitos, no cambiar camino por vereda. Pues yo les digo que después de esos 30 minutos viví la fiesta más fantástica en la que he estado t-o-d-a mi existencia, y eso ya es decir mucho, porque haciendo una recopilación de las que he asistido, seguro son más de 1000. Los que me conocen saben que no exagero.

5.      Y llegamos a la quinta, varias vivencias revolotean en mi cabeza pidiendo ser ese quinto que es imposible que sea malo. Pero ya me decidí. Tiene que ser la de una mujer, no precisamente el amor de mi vida, tampoco mi primer amor, simplemente una mujer. Ésta tiene que ver nuevamente con un viaje. Tenía que ser. Por aquel entonces estaba muy deprimido, no sé por qué, ello me es crónico e incomprensible, tal vez algo de los genes porque la familia de mi padre padece de esas cosas, son sensibles y artistas, íntimamente depresivos. Les cuento entonces que andaba arrastrando la cobija, sin saber por quién, sin rumbo fijo. Como canta Daniel Santos, “soy un pobre vagabundo sin hogar y sin fortuna”. Entonces entró ella en la pintura, me saturó de color, me llenó de su mirada, de palpitar del corazón, de mariposas en el estómago, de cabeza a la montaña rusa, de cariño, de deseo, de incontrolable pasión. Todo en tan sólo 3 o 4 días, por ello es inolvidable. No puedo contar mucho de esto porque es uno de los tesoros más enterrados en mi isla, basta con saber que fue un amor prohibido, de esos de las canciones que cantan los bigotones o las divas del amor. Qué rico es sentirte querido entre sábanas y colchones, el sentirte acariciado por verbos de infinito aliento acompañados de palabras sucias que se sienten las más impolutas al momento. Recuerdo la piel tersa y el roce cálido bajo el sol canicular, los besos y suspiros recónditos, la carne erizada, trémula. Fantasía de todas las estaciones del año en un fin de semana de verano. No importa el desenlace de aquella explosión cósmica de sensaciones, dejó en mi ser su fragancia crepuscular por siempre.

Y así llego al día de hoy, lo único que deseo para mí mismo es experimentar cinco vivencias más, y después… repetir la dosis.

¡Feliz cumpleaños Darío Shu!     

miércoles, 3 de octubre de 2012

Cuento "El ilustrísimo licenciado Rubalcaba"

Aquí les presento mi entrega a la tarea propuesta en mi clase de creatividad:

Crea un cuento a partir de la siguiente frase: "Cuando el ilustrísimo licenciado Rubalcaba llegó a su casa se encontró con dos sorpresas, la primera fue..."

Las únicas reglas son la extensión, que debe ser de al menos media cuartilla, y la otra que esta frase debe aparecer en el cuento, no importa si es al principio, durante el desarrollo o al final.

Si crean su historia háganmelo saber y prometo dejarles un comment donde me indiquen.


Sin más:




El ilustrísimo licenciado Rubalcaba
Por Darío Jurado


El ilustrísimo licenciado Rubalcaba, como era conocido en el barrio, salió del hospital de muy buen talante. Lucía flamante, todo atildado en su uniforme atávico, incólume, pulcro. No parecía haber nada que ensombreciera a aquella persona de tan impecable caminar, de tan altiva mirada enfundada en poderosos ademanes. 

Y sin embargo lo hubo.

Todo sucedió aquel mismísimo día cuando el ilustrísimo licenciado Rubalcaba llegó a su casa y se encontró con dos sorpresas.

La primera fue que la puerta cedió con tan sólo empuñar el picaporte, este hecho que para la mayoría de personas podría ser nimio, desconcertó por completo al licenciado, que era un hombre de costumbres y leyes a ultranza; sobra decir que una de sus máximas era “jamás dejes la puerta de tu hogar sin llave”. Así que era imposible ante toda su cordura que estuviera abierta por un descuido u olvido.

El ilustrísimo licenciado de inmediato se puso alerta, sin miedo, con la seguridad de haber puesto los cinco sentidos al servicio de una sola tarea. Con sigilo pero con firmeza entró a su domicilio dispuesto a enfrentar la amenaza. Para su sorpresa todo estaba en orden, era claro que la puerta no había sido forzada. Su casa se sentía la de siempre, con esa fragancia familiar de jitomates recién hervidos, sin embargo notaba algo diferente. No podría haber dicho si eran las cortinas, la alfombra, los muebles, la televisión, la grabadora, o las diversas fotografías en la mesita de sala donde él se encontraba acompañado de personas que de momento no se le hicieron conocidas.

Avanzó hacia la habitación humeante con el corazón palpitante. Una anciana se encontraba de espaldas realizando tareas de cocina. Esta situación le pareció de lo más extraña, no recordaba haber ordenado a nadie que contratara una cocinera para esos menesteres. Seguramente su esposa en la flojera de no atenderlo habría conseguido a aquella viejecilla maltrecha que ahora volteaba lentamente hacia él. 

-¡Arturo! -gritó la viejecita al mismo tiempo que tiraba los trastes de sus manos. Un remolino de emociones, recuerdos y vivencias hicieron tambalear al ilustrísimo licenciado al reconocer a su esposa entre los pliegues marchitos de la mujer frente a él.

Así, en un instante, el licenciado Rubalcaba se había topado con la segunda sorpresa, al fin había despertado de su coma de 30 años.

lunes, 1 de octubre de 2012

Un competidor



"Un competidor" es un animatic que realicé con el fin de presentarme como candidato a trainee de copy. La idea, guión, manufactura y edición se finalizó en menos de un día efectivo y corrió por cuenta de su servilleta.

Las herramientas utilizadas fueron Illustrator y premiere.

¿Qué opinan?

sábado, 22 de septiembre de 2012

Cuento "set up"

Son las 3 am pero no podía dejar de compartir este cuento inspirado en la primera caricatura que he hecho para mi sitio en tumblr, porfas échense una vuelta, es muy probable que empiece a escribir más acá y dibujar más pa'llá, digo, todo para ordenar un poco este blog, que si bien en un principio fue bello darle honor a su nombre (de elefantes, guayabas y trastadas), pues, ya saben, siempre es bueno que dentro del desorden uno sepa en dónde está cada cosa.

El link a mi tumblr: http://darioshu.tumblr.com
Y a la caricatura inspiradora de este cuento:  http://darioshu.tumblr.com/image/32036659094
¿A poco no quedó de pelos?

Creo que hoy les comparto un cuento bonito, uno que habla del amor y su llegada que puede darse no sólo en cualquier momento, sino también en quien menos lo esperas (con un poco de suerte).




Cuento “Set up”
Por Darío Jurado



Marcy había aceptado una cita a ciegas a pesar de todos sus prejuicios al respecto, simplemente lo consideraba de losers, de gente fea que no puede conocer gente bonita porque carece de los medios físicos para hacerlo.

Sus amigas eran las más insistentes, nunca habían parado de ofrecer el presentarle amigos, o primos, o hasta esposos de sus enemigas, pero ella siempre había contestado con un rotundo “no” a cada una de sus  tentativas, y es que poseía la excusa perfecta, tan antigua como efectiva, que siempre surte el efecto deseado en los coetáneos: “no ha llegado el indicado”. El secreto, como ella bien sabía, radicaba en decirlo algunas veces seria, otras enojada, y las más veces triste o sollozando para darle un hálito de amargura que ahuyentara a la parvada de cupidos en trajes sastre.

Y es que sí, todos los machos tenían algún defecto, unos calientes, otros demasiado fríos, unos bajitos y otros altos, algunos gordos y los demás extremadamente flacos, en fin, de ignorantes o cerebritos, de desempleados o empleados del año, de patanes o peor aún, de la camada de los “excesivamente atentos”, ¡ay!, si tan sólo hubiera uno que encerrara todas las cualidades en un solo cuerpo, no se trataba de que fuese perfecto, nononononó, más bien que representara un equilibrio, ya saben, justo como cuando un café está listo para beberse, ni muy frío, ni muy caliente. Ahora sí que lo que Marcy quería era un “ni muy muy, ni tan tan”.

Por eso aceptó conocer a Penn Gwen, que según le informaban algunas de las militantes de la parvada, era un espécimen de lujo; justo como el que ella había estado tratando de hallar durante toda su vida.

Al fin llegó el día.

Marcy se arregló con bombo y platillo, bueno, no bastante, tampoco quería parecer una solterona desesperada, ya saben, el adorno justo para mostrar buen gusto sin parecer desorbitada de la moda.

Como siempre Marcy llegó diez minutos tarde a la cita, el tiempo justo que debe hacer esperar una señorita, esto por dos cosas, una, el no llegar antes que un caballero porque no es de buen gusto, y dos, el no hacer esperar mucho, ya que eso tampoco es de buenas maneras.

En fin. Ahí estaba él. Ella lo miró sorprendida. No se equivoquen, no. Era bien parecido, con una ternura intrínseca, de esas que te invitan a abrazar bien y bonito. Iba muy limpio, impecable dirían algunos, todo enfundado en frac blanco y negro, hasta podríamos haber dicho que parecía bañado en cera, no, en serio. Sólo había un pequeño problemita: Penn Gwen no era precisamente un hombre, ya no digamos un jovenazo o chicuelo, o bien un ruco o entrado en años, en ello no habría existido tanto problema, él era, mmm, más bien unnn, mmm, un pingüino pues.

Marcy se frotó los ojos dos o tres veces, y aún se pellizcó el brazo para saber que esto no era un sueño (o pesadilla), sin embargo no sucedió nada, no despertó, Penn seguía esperándola y ella no tenía más que acercarse y saludar que de esto hablamos cuando de educación y modales se trata.

Nerviosa y desconcertada Marcy se acercó a la mesa en donde Penn Gwen aguardaba. Cuando él la miró le lanzó la mirada más tierna de los océanos al tiempo que se presentaba besándole la mano, toda esta galantería la coronó arrimándole… la silla, ¡eh!, no piensen mal, Penn Gwen era un caballero, al menos tanto como puede llegar a ser a un pingüino.

Después del shock que significó el descubrir que su cita era con un ave y pasados unos cuantos minutos de relajación para asimilar el momento, Marcy se encontró extrañamente excitada por aquel “personaje”, Penn Gwen no sólo era encantador, también era inteligente y divertidísimo, galante y misterioso, una suerte de James Bond en frac emplumado con conversación amplísima que demostraba una vasta cultura versada en el conocimiento de los siete mares. Total que él era lo que le habían dicho y mucho más: el hombre perfecto sobre la tierra, o bueno, el pingüino.

Marcy y Penn Gwen empezaron a salir más, así, naturalmente, como deben darse las relaciones, sin apuros, sin arrojos, sin tropiezos, sin la constante pregunta de ¿qué sigue? simplemente porque no importa lo que se halle adelante cuando se sabe que será fantástico.

Los círculos allegados a Marcy crecieron en risas y conversaciones, era tiempo de amor del que edifica, si alguna vez se construyó exitosamente una babel del amor, de esto estamos hablando. Todo marchaba sobre ruedas, gente que lo conocía, gente que quedaba prendida de aquella personalidad marítima; aún las amigas más criticonas de Marcy le decían lo maravilloso que era y cuán bien se veían juntos. La única preocupación que acaecía sobre ella era que extrañamente nadie le hacía comentarios sobre lo evidente, es decir ¡obvio! ¿no? su pareja era un pingüino.

Así pasaron semanas y meses, hasta llegar a un par de años. Marcy se había enamorado, era feliz y no tuvo más respuesta que un “sí” a la propuesta de matrimonio que su flamante novio le hizo en globo aerostático.

Todos sus amigos se pusieron eufóricos al saber la noticia de aquella preciosa unión, al parecer era de común acuerdo que esa era la boda del año ¡qué del año, de la década! habían nacido el uno para el otro.

Dentro de toda la bonanza de amor había un puntito negro, ya saben, el negrito en el arroz, el cisne feo en la familia de patos, el Jar Jar Binks de Star Wars, el dirigente que no atina a nombrar tres libros, la diminuta sombra de duda que comienza a hacerse más grande en el desierto del cerebro destinado a las grandes incertidumbres.

El punto era que Marcy no sabía si podría compartir el resto de su vida con un pingüino, y es que en su casa siempre la habían repetido hasta el cansancio que una niña bien sale del hogar sólo en el caso de estar segura de no volver, o sea que se salía con la advertencia de antes mortaja que sufrir la deshonra de regresar con rebaja.

Así pasaron los días hasta que llegó la boda. Marcy estaba hecha un manojo de nervios, le temblaba todo, por aquí y por allá, todo por la inquietud ¡eh!, no crean, porque sea lo que sea, Marcy estaba tonificada a morir por el montón de ejercicio que realizaba cotidianamente. Curiosamente le encantaba nadar.

Los gritos de emoción y desparpajo de su madre, las damas de honor, así como de madrinas, primas, tías, sobrinas y cuanta fémina cupo en el cuarto de la novia, no significaban para Marcy sino un hervidero de emociones encontradas, o sea, no crean que tenía dudas de su amor, ¡no!, para nada,  adoraba a su prometido, claro, era un pingüino, pero digo, no por nada soportaba su tremenda fragancia de pescado; el problema era esa temblorina sin control que seguramente provoca el miedo a desposar a un ave, no que ustedes o yo lo sepamos.

Tal vez lo que más le desconcertaba a Marcy eran los nulos comentarios al respecto de las particularidades de su futuro marido: ¡cómo te vas a casar con un pingüino!, ¡qué no ves cómo huele! y ¡cómo carajos se van a acomodar en la noche de bodas! Todas exclamaciones con una premisa muy válida y de peso, algo que extrañamente había estado ausente desde que se sentó en aquella mesa con el amor de su vida.

Marcy andaba dándole rienda suelta a aquellos pensamientos cuando despertó de su ensimismamiento al escuchar el “sí” que Penn Gwen había proferido en el altar. Había transcurrido media boda y ella ni en cuenta. Era su turno de contestar.  Los labios resecos del sacerdote enunciaron el arcaico pregón de “Marcy, ¿aceptas a Penn Gwen como tu esposo, y juras amarlo, respetarlo y serle fiel todos los días de tu vida hasta que la muerte los separe?

Marcy lo supo en ese instante, en una forma rara, ¿sí me entienden?, no como cuando pasa la vida frente a tus ojos, sino como cuando en un solo instante obtienes la lucidez de toda una vida, ojo, que no es lo mismo.

Era claro que el mundo estaba lleno de hombres nefastos, y tal vez, sólo tal vez, ella también era un pingüino.

jueves, 20 de septiembre de 2012

El post atípico

NOTA: Este post no tiene nada que ver con lo que he escrito o compartido antes, sin embargo puede que sea el más sincero de todos los que he publicado hasta ahora. Es mi blog y por eso está aquí, porque quiero recordarlo. Está escrito por mí y para mí. 

No tienes por qué leerlo.


Bajo esa advertencia sólo valen los puntos suspensivos.




El post atípico



BRIEF. Dos weyes  mucho más pendejos que yo, que alguna ocasión fueron mis compañeros de escuela, tienen puestos en publicidad.

INSIGHT. Hay pendejos que trabajan y pendejos que no. Yo formo parte del segundo grupo.

SOLUCIÓN. Armar la sarta de pendejadas que atraerían a un gran público, o al menos al público al que quieras llegar, en este caso a un creativo que te de chance de demostrar que para mierdas la tuya es más grande. Ya lo oí hoy en una charla, todo se trata de decir las cosas como si se las estuvieras explicando a un estúpido.

RESULTADO. Ya se verá.

El post ego atípico

BRIEF. Dos weyes,  que yo creo mucho más pendejos que el que suscribe, y que en alguna ocasión fueron mis compañeros de salón, tienen buenos puestos en publicidad.

HABLA DON EGO. ¿Qué chingados he hecho yo para no estar mejor que ellos en el campo publicitario?

Crear y sostener una empresa.
Viajar.
Conocer montones de personas.
Ir a fiestas.
Beber, dibujar, actuar, bailar y cantar.
Vivir la vida a mi manera.
Emular a las cigarras de fábulas arcaicas.

Interesante.

El post apocaltípico

BRIEF. Me corroe la envidia porque dos weyes a los que considero mucho más pendejos que yo tienen trabajo en publicidad y yo apenas estoy intentando entrar.

¿Por qué?

Porque apenas se ha insertado el bicho publicitario en mi vaso de leche. Cuando cayó ahí se me hizo interesante, acaso osado, diferente, atípico, como yo, de un carácter especial ¿por qué mojarse en leche cuando tú puedes ser el que la escupe?

Interesante.

Post normal por un wey atípico

Escupí el agua cuando abrí el Facebook y noté que un wey mucho más pendejo que yo trabaja en una de las empresas a las que yo quisiera entrar. Él se ha aunado a otro idiota del cual ya tenía conocimiento que ostenta un puesto chingón en una agencia de publicidad.

Ellos dibujan peor que yo, ciertamente escriben de la misma forma, y seguramente sus ideas se ven mayormente influenciadas por las sustancias que consumen que por la sustancias que contienen sus cerebros.

Sin embargo ahí están ellos y aquí estoy yo. El mundo gira, las manecillas también, las arenas son las mismas de millones de años atrás, las moscas nacen y mueren todos los días y las yerbas crecen en terreno fértil así como las plantas más exóticas florecerían en tierra más fecunda si se comenzara a soltar su simiente sobre ella.

Interesante.

A – ti - típico

Hay un vagabundo en mi calle que pasa frío por las noches. Antes vivía solo, sin amigos, apenas una manta le acompañaba. Hoy ya no está solo. Un sombrero cubre su cabeza y él es vigilante de un amigo postrado.

Un gato bebé vive bajo mi ventana. En el pasado aullaba solo por las noches, no sé si por desesperanza o por hambre. Ahora ya no está solo, hay más gatos bebés que le acompañan, aúllan en coro, sinfonía de félidos encordados que reciben leche de la gran matriarca.

Yo estaba solo, hasta ayer, hasta hoy, no sé. Pero sé que pronto no lo estaré.

Hoy me acompaña mi flagelado, colérico y apestoso orgullo ¿mañana?

Eres puntos suspensivos (no lo olvides).


Interesante.


martes, 18 de septiembre de 2012

Ofrezco mis labios

Y ahora en algo enteramente distinto a lo que comparto en mi blog decidí hacer un "meme" alentado por un anuncio muy curioso que encontré por casualidad; en él se ofrecían los labios para vender labiales o cosméticos.

Pensé en la situación divertida de quién habría publicado algo así, busqué en internet unos labios suculentos y bueno, lo demás es historia.

¿Qué opinan? ¿Alquilarían sus labios? En el marketing y publicidad todo se vale ¿no?


viernes, 14 de septiembre de 2012

Simplemente un zombie

Algo de mi trabajo en Illustrator con coloreado en Photoshop.


Like it?

Simplemente una reflexión:

Los zombies no saben que están muertos, ¿qué haces tú para saber que estás vivo? 

Feliz día.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Del illustrator y otros chistes

Han de saber ustedes que soy un poco orgullocito ¿sí se escribe así?, digo, no del muy muy, ni del tan tan, en fin, le he tenido que entrar al Illustrator porque es un programa que trabaja las imágenes en vectores lo que origina que el trazo sea mucho más limpio.

Siempre consideré a esta herramienta "tramposa" por el simple hecho que permite que quienes no sepan dibujar mucho o bien tengan pulso de maraquero "mejoren" sus trabajos digitalmente. Pero ¡oh sorpresa! al igual que photoshop tiene mil y un trucos que bien vale la pena valorar para todos los que estamos en el mundo de la gráfica y los chistes de colores.

Así que aquí tienen, mi primer trabajo en Illustrator, una carta de baraja inglesa que bien podría ser un comodín para cuando se acaben los alipuses en la mesa de operaciones.

Y como en extreme makeover, aquí el antes y el después.




¿Cómo ven? Si así no queda claro que el Illustrator es el equivalente al maquillaje televisivo, no sé qué más se le pueda hacer. Sin duda se ve más dañada la carta salida de mi puño y lápiz ¿por qué será?